El Universo, ese concepto poético de algo perceptible pero inalcanzable, siempre constituyó un gran misterio para el hombre. Y pese a que le fue develando algunos de sus secretos; el Cosmos sigue sorprendiendo y generándole nuevos interrogantes al ser humano, especialmente desde que Copérnico sugirió que no éramos el centro de la existencia sino, solamente, una parte finita de un gran todo. En ese camino por interpretar lo que veía, los hombres pensaron cómo nació, cómo era (es) y hacia dónde iba. Albert Einstein señaló que el Universo se curvaba, Stephen Hawking supuso la existencia de los agujeros negros y luego Saul Perlmutter, Adam Riess y Brian Schmidt apuntaron que el Universo se expande "en forma acelerada". Todos, de alguna forma, colaboraron significativamente en el desarrollo del pensamiento científico y dieron pequeños pasos en pos de interpretar todo eso infinito -o finito en expansión- que nos rodea. Decir que hay una expansión acelerada conmociona y obliga a los legos a hacer esfuerzos mentales por entender qué se nos está diciendo. "Parecía demasiado loco para ser correcto", dijo Schmidt. Y sí, mientras sigamos sin entenderlo, diremos que el Universo está loco; no nosotros.